No es la página de inicio
ID = 12517
Nombre =
ID Categoría = 114
Nombre Categoría = Estimulante

Un fascinante misterio sonoro: la ballena de los 52 hercios

Este coloso marino se debate entre la fantasía y la realidad en busca de alguien con quién dialogar.

El océano y el espacio exterior son territorios casi igualmente desconocidos. Tenemos mejores mapas de Marte que de las montañas y volcanes que hay en ciertas zonas del océano profundo. Los mares del hemisferio sur, por ejemplo, están en su mayoría sin explorar. La NASA tiene un presupuesto que supera por mucho al de las organizaciones de exploración de los mares y la mayoría de los descubrimientos de las profundidades marinas se han llevado a cabo por accidente.

Ballena Kaleb Lechowski ilustracióm de Kaleb Lechowski

Inclusive animales con los que creemos estar más que familiarizados, como las ballenas, son seres que todavía guardan muchos misterios para los seres humanos. En su fascinante libro Leviatán o la ballena, Philip Hoare explora cómo los humanos se han relacionado con estos mamíferos, desde el mito del Leviatán que aparece en el antiguo testamento, o la ballena mítica de Moby Dick, hasta los shows de ballenas en los parques acuáticos. Hoare deja claro cómo muchas de sus costumbres nos siguen resultando enigmáticas. Todavía no sabemos bien a bien por qué les da por saltar, o qué es lo que hacen cuando se sumergen a las tinieblas del océano. Cuenta también de especies de zifios que sólo sabemos que existen porque hemos encontrado sus cráneos en las playas, pero jamás las hemos visto.

Hoare también habla de la ballena de los 52 hertz. En 1992, la marina norteamericana detectó, con los hidrófonos con los que suelen rastrear a los submarinos enemigos, un sonido que los científicos determinaron como la voz de una ballena. Las ballenas reconocen a su especie y a su familia por la voz. La similitud del sonido les permite rastrearse y reunirse con sus semejantes en la inmensidad del océano. Sin embargo, el sonido que emitía esta ballena, un sonido grave, similar al de una tuba, no era parecido al de ninguna otra ballena conocida. Desde entonces, los científicos siguen registrando el sonido de la ballena, a la que nadie responde.

Al respecto han surgido distintas teorías; unas dicen que puede ser un animal deforme, otras que quizás es un híbrido, parecido a la mula, mezcla de una ballena azul y algún otro tipo de ballena. Lo más probable, sin embargo, es que sea un animal sano, ya que ha logrado sobrevivir durante tanto tiempo. Es como si fuera el último hablante de alguna lengua extinta. Entre más descubrimos acerca de las capacidades afectivas de ciertos animales, más tendemos a humanizarlos. Es difícil no conmoverse ante esta ballena, que lleva más de doce años rondando los océanos, buscando a un ser con quien pueda comunicarse.

Chéjov tiene un cuento llamado Tristeza acerca de un cochero en el invierno ruso que busca desesperadamente a quién contarle la historia de su hijo muerto. Ninguna persona parece dispuesta a escucharlo, y al final el único que le presta oídos atentos, el que resulta ser el más humano de todos, es su caballo. La tristeza en el cuento no radica en las circunstancias tan duras del cochero, sino en la imposibilidad de compartirlas, de obtener la empatía de alguien más. Y a la vez prueba que ésta a veces viene de donde menos se la espera.

Durante siglos ha sido una fantasía recurrente del ser humano hablar con los animales. El artista mexicano Ariel Gúzik tiene proyectos submarinos, máquinas fantásticas fantasías que persiguen el imposible objetivo de hablar con las ballenas. Si pudiéramos hablar con la ballena de los 52 hertz, ¿qué nos diría? ¿Qué historias épicas o solitarias tendría que contarnos sobre el fondo del océano? No podemos más que imaginarlo, y, mientras tanto, seguirla escuchando.

.

Texto de Jazmina Barrera @Jaztronomia

Imagen cortesía de: Lechowski | Deviant Art
via aleph